Una mujer bella

Regresé de la cocina al dormitorio cuando todavía no había amanecido. Me apoyé sobre la cortina que cubría la ventana. La miré, estaba preciosa con apenas una sábana cubriendo su cuerpo.

Siempre me había parecido una mujer bella, porque realmente lo era. La más hermosa de cuantas han colgado de mi brazo, pero una lástima que solo fuera eso.

Mientras le doy la última bocanada al cigarrillo antes de abrir la ventana y echarla a la calle, la observo detenidamente. Ella nunca pasó de ser un atractivo frasco que te atrapa con su envoltorio creándote la necesidad de abrirlo para embriagarte con su fragancia. La decepción que sientes cuando lo destapas te lleva a tener que tomar soluciones drásticas que aplaquen la frustración de sentirte estafado. Dentro no había nada.

Lo que se dice nada, nada, tampoco es del todo cierto. El reguero de sangre que cae de la cama al suelo indica que al menos eso si tenía.

Galiana