La reunión

¡Habrase visto qué falta de respeto hacia mi persona están teniendo este par de dos! Ya vendrán, ya, cuando todo se tuerza se acordarán de mí, me llamarán y veremos si entonces estoy disponible para atenderles.

No han querido contar conmigo para la reunión que han organizado en uno de los restaurantes de moda de la ciudad. Es más, han hecho todo lo posible por evitar que me enterase de la misma. Temían que la boicotease. Yo, como si me importara lo que hacen o dejan de hacer.

¡Son unos fatuos si piensan que nada de lo que hagan me va a importar!

Con su actitud demuestran su alto grado de infantilismo y una enorme falta de madurez.

Son solo un par de estúpidos tratando de buscar una solución a una cuestión que les viene grande.

Podría entrar y reventar la reunión con mi presencia, pero prefiero permanecer aquí, escondido en un portal, protegido de la lluvia. Viendo cómo se sientan en la mesa dispuestos a disfrutar de una magnifica velada, ajenos a que les estoy observando.

El primero en llegar fue el amor. Entró acompañado del afecto, de la complicidad, la bondad, la compasión. Demasiado almibarado para mi gusto. Todos ellos no son más que una panda de sensibleros idiotas que no llegarán muy lejos en la vida.

Hace un par de minutos llegó la razón flanqueada por su séquito de guardaespaldas entre los que se encontraban la objetividad, la coherencia, el entendimiento, el juicio, la deducción, la certeza y la contradicción. Un equipo de imbéciles que jamás lograrán propósito alguno ni juntos ni por separado.

La reunión es porque deben debatir sobre un desacuerdo importante surgido entre Eros y Logos. Un problema que no se resuelve como ellos pretenden.

La lluvia cae intensamente. Decido irme a casa, es absurdo por mi parte estar aquí observando un fracaso tan estrepitoso como éste.

Si hubieran contado conmigo todo sería más fácil, pero no lo han hecho y así les va a ir.

¿Qué quién soy para creerme imprescindible para resolver la contienda en la que se hallan inmersos? Orgullo me llaman, y en cuestiones del corazón el único que tiene el poder soy yo.

Galiana