La llamada

El teléfono sonó a esas horas de la madrugada en las que sabes que nada bueno van a comunicarte, sobre todo si el número que aparece te es desconocido.

Atendí la llamada con todo el sigilo del que fui capaz.

La voz de hombre que había al otro lado no preguntó por mí, ni por mi mujer, ni por mi madre, ni por mi corredor de apuestas, ni por nadie que yo pudiera conocer.

Se disculparon y colgaron con un perdón que me sonó extraño, como si fuera más un voy a joderte el sueño que una equivocación.

Intenté volver a conciliar el sueño una vez que comprobé que mi mujer no se había enterado de nada, que mi madre no vagaba por el pasillo porque hubiera escuchado el sonido del timbre de mi teléfono.

No hube cerrado los ojos cuando escuché un estruendo. Después llegó la nada.

Galiana