Intercambio de trabajo

Esta mañana mi hija y yo hemos decidido ir de compras como hacen cientos de madres e hijas. Si conoces Madrid es fácil imaginarnos a las dos en la calle Preciados, si nunca has estado aquí lo habrás visto en la televisión infinidad de veces, y si no piensa en una calle peatonal a primera hora de la mañana cuando abren las tiendas y menos gente hay, porque a nosotras las aglomeraciones nos resultan insoportables, sobre todo para comprar ropa.

Salíamos de unos grandes almacenes que todos conocemos, cuyo nombre no voy a dar para no hacer publicidad, y se me planta delante una persona, de la cual ni siquiera diré su sexo para que no se sienta importante, a la cual no conozco absolutamente de nada.

Se presenta ante mí asaltándome a lo bestia, me dice que sigue mi blog, que se ha leído todos los libros que he escrito. Vamos, que es un fan.

Evidentemente yo le agradezco todos sus cumplidos y todo lo que me está diciendo, para nada me está incomodando aunque no sean las formas más adecuadas puesto que estoy en un ámbito privado con mi hija pero a ninguna de las dos nos importa la situación. Ella se ha criado en este mundo y sabe que este tipo de cosas suceden, y yo tengo a gala dedicar el tiempo que sea necesario a los lectores que se me acercan, sea el momento que sea.

Hasta aquí era de lo más normal, la cosa empieza a descontrolarse cuando esta persona, recuerda que te he dicho que estábamos en la misma puerta de ese centro comercial de colores blanco y verde, me pide que le regale y dedique mi último libro. Le comentó que no llevo un ejemplar encima. Me dice, sin tapujos, que se lo regale.

Mi hija, que no es ninguna adolescente, empieza a reír pero no de forma disimulada sino a carcajadas, esa risa de joder, que cara más dura tiene esta persona. Yo no sé ni qué decir, me quedo callada hasta que se me ocurre preguntarle cuál es su profesión.

—Soy dentista.

A continuación le pido la dirección donde trabaja. Se pone a buscar por la cartera una tarjeta de visita mientras yo le propongo el siguiente trato:

—Vamos a hacer una cosa sí te parece. Mañana voy y te llevo a tu trabajo mi último libro dedicado, y a cambio tú me haces una revisión bucal y si mi boca necesita algún arreglo te pones a ello totalmente gratis. – mientras hablo le enseño que me falta una pieza dental.

Ni te imaginas su cara, y eso que pretendía que se lo regalara firmado. El caso es que me dice que ha sido un placer conocerme y sale corriendo sin más, no me da ni su tarjeta y eso que la tiene ya en la mano.

Todavía me estoy preguntando por qué se ha asustado cuando le propuse un intercambio de trabajo.

Galiana

P.D. El relato fue escrito antes del Covid-19