Hora de etiquetarme

No sé por qué extraña razón los lectores os habéis hecho una idea sobre mí bastante confusa. Pensáis que soy sosegada, sabía, amable e intelectual por el mero hecho de ser escritora. Gracias por creer que soy así pero estáis cometiendo un tremendo y gravísimo error.

Para empezar lo de ser persona podría admitirlo si entendemos como tal el hecho de pertenecer a la especie humana, pero solo hasta ahí. Debo reconocer que cuando me encabrono no sé yo si traspaso la línea que separa a los humanos de los animales o me quedo ahí, al filo de hacerlo.

Sosegada, lo que se dice sosegada, va a ser que para nada. Al nacer me escurrí de las manos de la matrona y me caí en la marmita de la intranquilidad. Soy un culo inquieto, la paz no lo conozco ni cuando duermo.

Sabia no soy. Leo mucho, aunque menos de lo que quisiera. Cuanto más leo más consciente soy de mi ignorancia. Vivo en un bucle perfecto, me gustaría tener más tiempo para leer, más tiempo para escribir y así siempre. Si fuera sabia sabría cómo administrar mi tiempo para poder hacer ambas cosas y sería menos ignorante.

Respecto de la amabilidad reconozco que soy educada y respetuosa, pero… ¿amable? Algunas veces confundimos el ser complaciente, cosa que no soy, con otro tipo de cuestiones.

Llegamos al otro calificativo que me habéis puesto, intelectual. Desde niña he ganado a juegos como el Scrabble o el Trivial, también terminaba los crucigramas del periódico, eso sólo me convierte en una Marisabidilla. Las personas que van por ahí de intelectuales me parecen ególatras y narcisistas, espero no caer nunca en la tentación de calzarme ese gorro.

Probablemente todo esto os parezca falsa modestia pero no, tal vez tenga síndrome de impostor. Los escritores y creativos en general solemos sufrir y padecer este tipo de trastorno, que consiste simplemente en achacar todo lo que nos sucede, para bien o para mal, a lo que nos rodea como si nosotros nunca hiciéramos nada.

Ahora ya me conoces un poco más. Califícame como quieras, etiquétame a tu gusto, pero hazlo con lo que yo te he dicho sobre mí no por lo que te han contado las lenguas viperinas, que la envidia es muy mala.

Galiana