Tres veces muerta

Su cadáver fue encontrado por la asistenta cuando fue a llevarle el desayuno por la mañana. En el certificado de defunción consta que falleció de un infarto. Su marido, tras la autopsia, ordenó que fuera incinerada y esparció sus cenizas en el mar que ella tanto amó.

Yo entonces tenía seis años. Apenas lo recuerdo.

Mi padre se limitó a contarme que ella había muerto, que no podría volver a verla. Ni siquiera fui a su funeral. Supongo que dada mi edad fue lo más conveniente.

Con los años mi padre me explicó que ella murió por una sobredosis de barbitúricos. Posteriormente añadió que los había mezclado con alcohol. Cuando tuve edad suficiente para entender, apareció la palabra suicidio.

Crecí pensando que se había suicidado, por eso cuando descubrí que en su certificado constaba que había sido un infarto le pedí explicaciones a mi padre. Se limitó a decirme que comprar un médico es muy fácil, sobre todo cuando quien entonces era su marido no quería que se supiera que su mujer se había quitado la vida.

Debo reconocer que creí la versión que me dio, pero siempre me quedó esa duda.

Al cumplir los veinticinco la necesidad de saber la verdad sobre la muerte de mi madre me pesaba demasiado. Fui a ver al que había sido su marido.

No había vuelto a tener relación con él desde que ella falleció. Me recibió en la que había sido la casa de los dos. Había estado allí viviendo con ellos, lo recordaba todo perfectamente. En las paredes había fotografías de ellos dos juntos felices, de ella sola y de nosotros tres. Daba la sensación que él hubiera congelado el tiempo. Como si mamá fuera a aparecer por allí en cualquier instante.

Me costó hacerle la pregunta, pero había ido allí para eso.

—Es cierto, la autopsia reveló que tu madre había consumido ansiolíticos y alcohol. A mí me extrañó. No tenía prescrita ninguna medicación. Hacía siete años que no bebía, había superado su adicción, a la cual se aferró tras la muerte de tu hermano.

Estuvo explicando que aquel día había estado fuera, incluida la noche, por cuestión de negocios. La asistenta tenía el día libre. Lo siguiente que me siguió contando no lo escuché. En mis oídos sólo retumbaba la muerte de mi hermano.

Mi hermano, mi hermano… con esas dos palabras me fui a casa. Mi padre jamás me había hablado de la existencia de un hermano, y mucho menos de su fallecimiento.

Le pregunté. No quiso hablar de ello. Maldijo al marido de mi madre por haberme contado algo que no tenía derecho a decirme. Al final después de mucho insistir me explicó que tuve un hermano. Que vivían a las afueras de la ciudad, en una casa cerca del mar. El niño tenía dos años. En un descuido salió al jardín. Cayó a la piscina y se ahogó. Mi madre se refugió en la bebida, él tuvo una depresión por culpa de la cual aún seguía tomando ansiolíticos. Ella dejó de beber cuando descubrió que estaba embarazada de mí. A poco de nacer yo nos abandonó para irse con el que fue su segundo marido.

La noche que se suicidó ella le llamó para verse por la tarde porque quería recuperar mi custodia. Estaba totalmente rehabilitada de su alcoholismo y quería pelear en los tribunales que él no era apto para cuidar de mí porque estaba medicado. Mi padre le dijo que la culpa de ello era que mi hermano estaba muerto porque ella no le había vigilado. Discutieron. Se puso histérica. Él le dio unas cuantas de sus pastillas para que se tranquilizara y pudiera irse a casa. Él le dio su cerveza para que se pudiera tragar la medicación. Ella se bebió dos más y se puso peor. Tan mal estaba que la metió en un taxi, le dio al taxista la dirección para que la llevara a casa. Al día siguiente el marido de mi madre le llamó para decirle que había aparecido muerta.

Tenía seis años cuando ella falleció, veinticinco años después sigo sin saber cómo. Oficialmente fue un infarto, según la versión que me ha hecho creer mi padre todos estos años se quitó la vida, ahora sé que él la mató; lo que nunca sabré es si fue una imprudencia o realmente la asesinó.

Galiana