Regresando al trabajo

 

Durante años usó su cuerpo para ascender en el trabajo. La genética había querido ser generosa con ella, algo de dietética, algún retoque estético de ésos que no se notan y jamás se confiesan era todo lo que había necesitado para llegar a la madurez con un aspecto envidiable. El maldito cáncer se lo había llevado todo por completo.

En un rato salía de casa para reincorporarse a su puesto de trabajo por primera vez tras la enfermedad. Se sentía insegura mientras se iba arreglando.

Había aprendido a colocarse la peluca de manera perfecta, apenas se notaba que lo fuera. A maquillarse con tal maestría que casi no había diferencia entre la fotografía que tenía pegada en el espejo y la imagen que veía reflejada.

Necesitaba que nadie notara los estragos de la enfermedad.

Mentalmente hizo un repaso rápido desde que le diagnosticaron la enfermedad, la operación, la quimio, la radio… una pesadilla de la que empezaba a salir.

Lo peor de todo fue sentir las miradas de los compañeros, pocos, que habían ido a visitarla al hospital, a casa. No lo expresaban con palabras pero… ¡Con lo guapa que era, qué pena! se leía en su mirada de un modo tan hiriente que hubiera preferido no tenerlos allí. No eran sus amigos, solo una panda de cotillas ávidos de chismes de oficina.

Estaba segura que si no esa mañana, en unos días, la llamarían de dirección para ofrecerle una prejubilación, ya le había pasado a otras compañeras. La empresa para esto tiene sus protocolos, en esos casos te prejubilan porque no queda bien cara al público un trabajador con aspecto enfermo.

Se dio cuenta que aquellos pensamientos no eran positivos. Su psicóloga le tenía dicho que no debía ser negativa. ¡Es tan fácil decirlo cuando no se tiene cáncer! La enfermedad fue la gota que colmó el vaso para que tu marido, tras 25 años de matrimonio, con las maletas en la mano te diga que él se casó con una mujer preciosa y que ya no lo eres.

«Sé positiva», se dijo una vez más, «eres algo más que una cifra en las estadísticas del cáncer» se repitió mientras se maquillaba los labios en color rojo intenso.

Galiana