La fiesta

Salir un viernes de trabajar sabiendo que en casa te espera una fiesta de cumpleaños sorpresa organizada por tu mujer y Juan, tu mejor amigo, no es el mejor de los planes. En eso pensaba mientras me dirigía en autobús a casa.

En el espejo del ascensor intenté ensayar una cara de sorpresa. Pensar en la panda de borrachos que me esperaba al traspasar el umbral gritando cumpleaños feliz lo imposibilitaba.

No soy de aglomeraciones, menos en mi casa. No sé en qué estarían pesando estos dos.

Metí la llave en la cerradura, mi mujer la había dejado puesta para obligarme a llamar al timbre. Abrió Juan.

—Por aquí, caballero.

Sonreí cuando me invitó a pasar a mi propia casa. Le seguí la broma.

Todo estaba en penumbra, no se oía ni el más mínimo murmullo. Entramos al salón. En el centro iluminada por una luna tenue luz estaba mi mujer sentada con las piernas cruzadas, vestida un con pantalón negro corto, justo por donde hace el juego la pierna y la cadera, a juego con la corta camiseta.

En ese instante recordé como hacía unos días ella me preguntó, en el momento perfecto:

—¿Qué te gustaría de regalo de cumpleaños?

Entendí que mi deseo se había hecho realidad. Allí solo estábamos Juan, ella y yo.

Galiana

Pd. Debido al confinamiento desconozco la persona que realizó la imagen que ilustra el relato.