La perfección aburre

Muchas veces me preguntáis por el método que tengo para escribir, más que método es la forma en la cual una idea que surge en mi cabeza termina siendo un relato que vosotros disfrutáis leyendo.

Escribir consiste sencillamente en ir poniendo una palabra detrás de otra, parece sencillo, ¿verdad? Os invito a que probéis. A los que habéis decidido que escribir está chupado no voy a contradeciros, la dificultad sólo está en que al leerlo las palabras deben tener algo de sentido, y una vez logrado esto, que ya de por sí no es fácil, que menos que provocar algún tipo de emoción en quien lo lee, y eso ya cuesta un montón.

Dicho todo esto, y volviendo al tema que nos ocupa, quisiera explicaros el método que tengo para escribir un relato. Todo empieza de la siguiente manera.

En un momento dado, del día, de la noche, de madrugada, estoy comiendo, bajo la ducha, en la cola del supermercado o en el sitio más inoportuno, una idea me ronda en la cabeza. El efecto de un copito de nieve que se convierte en una bola pues así, se va haciendo grande a base de vueltas y vueltas dentro de mí sesera hasta que una de dos, o lo saco o me explota la cabeza.

En ese momento la idea la plasmo en un cuaderno de hojas en blanco, sin rayas, ni cuadros ni nada. Escribo con una pluma en rojo o en verde, jamás en azul o en negro, es una manía. Una vez la idea es expulsada de mi cabeza ahí lo dejo, que fermente otro poco. ¿cuánto? Puede que hasta una semana, depende de lo larga o lo corta que sea. Me olvido de ello completamente durante ese tiempo. También puede ser que la idea no me convenza en absoluto con lo cual la tacho y es como si nunca hubiera existido en mi cabeza.

Al cabo de los días, cuando creo que ha fermentado lo suficiente la leo, la releo, y la paso al ordenador si considero que pasa el tamiz. Según la voy escribiendo voy modificando cosas, añado, quito, algunas veces no se parece en nada a la idea que tuve en un principio en mi cabeza. Luego vuelvo a dejarla ahí, ya entonces no es una idea, puedo considerarla casi un relato. Todavía no está terminado, le falta algo, seguro.

Al cabo de unos días vuelvo a releerlo. Cambio alguna que otra cosa. Y en un momento dado es la propia historia la que me dice que está lista, me grita.

— Ponme la firma.

Y eso hago.

Una vez firmado lo vuelvo a leer, y alguna que otra vez ha terminado en la papelera porque no, no me ha convencido.

Esta es mi metodología de trabajo. No sé si será perfecta, pero como siempre digo la perfección aburre y no me gusta aburrir.

Galiana