Contadores de cuotas

 

Los escritores somos contadores de historias, de diversas historias, y de ahí que me cueste entender que algunos colegas en una misma historia conjuguen el verbo diversidad a la fuerza.

Los últimos libros que estoy leyendo tienen temáticas increíbles pero siempre aparecen personajes que pululan por ahí metidos con calzador para representar a los colectivos protegidos por la sociedad.

Subtramas que no van a ninguna parte salvo a llamar la atención sobre la violencia de género, el colectivo LGTB, la soledad de los mayores, los abusos sexuales a los menores, la xenofobia, la agresividad de los adolescentes, el ecologismo…. Un totum revolutum que busca garantizar el éxito en ventas.

¿Cuándo los escritores hemos dejado de ser contadores de historias para convertirnos en contadores de cuotas?

Galiana