Antes, después y ahora

Antes, qué horrenda palabra asociada a ese instante en el que abríamos la ventana para empaparnos con el aire atronador de la vida. Cuando todo funcionaba bebiéndonos los nanosegundos.

Nadie estaba preparado para el después del chasquido de dedos qué quebró lo que parecía tan firme, seguro e inalterable.

Ahora abrimos silentes las ventanas, llenos de miedo e inquietud. La calle huele a un verano que no precedió a una primavera, pero si a un tiempo en el que descubrimos que las pesadillas de monstruos invisibles y reales habitan más allá de las almohadas.

Galiana