Prohibir

Prohibir era el verbo que conjugaba mi jefa cuando ejercía de periodista para un medio de comunicación de nefasto nombre. Por aquel entonces ella era una diosa a la que todos idolatraban y yo un simple mortal al que amordazar con un solo gesto.

Del nombre de ella ni yo ni nadie se acuerda. Aunque en mi cabeza sigue estando viva la imagen de las persianas bajadas y el pestillo de la puerta echado de su despacho, mientras ella se bajaba las bragas y se me ofrecía sobre su mesa. Por aquel entonces su secretaria comunicaba al resto del mundo que se encontraba reunida tratando un asunto de suma importancia para que nadie la molestara.

Prohibir es el verbo que hago conjugar, aunque yo me lo salte una y mil veces, a quienes trabajan a mis órdenes como director de un medio de comunicación.

Ya no tengo jefa a la que follarme, pero si una secretaria que baja las persianas del ventanal y echa el pestillo de la puerta de mi despacho, que se baja las bragas y se me ofrece tumbada sobre la mesa sin importarle que podamos ser importunados por el sonido del teléfono.

Galiana