Distancia de seguridad

La distancia de seguridad en los vagones de Metro nos permite vernos las caras y los cuerpos los unos a los otros.

Sentada frente a mí, absorta en su teléfono, con su diminuta falda, el perfecto cruce de piernas prolongado con doce centímetros de tacón hábilmente insinuante y sin mostrar ni un milímetro de más. Todo estudiado, a las mil maravillas, para dar alas a la imaginación.

—Próxima estación, Sol.

—¡Atención! Estación en curva. Al salir tengan cuidado para no introducir el pie entre el coche y andén.

La megafonía me hizo reaccionar. Me había pasado dos estaciones de mi parada. Me quité la chaqueta, la puse en mi entrepierna tratando de ocultar la mancha que se vislumbraba. Me bajé donde no me correspondía.

Galiana