Brindemos

Siempre digo que soy contadora de historias, para ello procuro cada día inventar una. No recuerdo muy bien qué escritor decía que quienes nos dedicábamos a este noble oficio debíamos escribir un relato cada semana porque de 52 relatos escritos al año alguno sería bueno.

Escribir, escribir y volver a escribir es la única forma que tenemos los escritores de mejorar, de crecer en nuestro oficio. Sólo así podemos conseguir la trama perfecta o los personajes ideales. Una buena historia consiste en encontrar la simbiosis perfecta entre la trama y los personajes, y eso te aseguro que no es fácil.

Yo me siento delante del ordenador y escribo una historia intentando que sea lo más perfecta posible pero siempre hay algún listo, en todos los oficios lo hay y este no iba a ser una excepción, que te sale con la estupidez de…

—¿En qué género encuadras lo que escribes?

Cada vez que me hacen esa pregunta me entra la risa floja, porque lo de las etiquetas nunca me ha gustado y porque lo mismo escribo un relato erótico que casi roza la pornografía, que uno de amor que enamoraría al mismísimo Bécquer; también me puedo levantar una mañana en plan Poe y ser de lo más brutal, que lo mismo voy por ahí cometiendo el crimen perfecto y no me pilla ningún poli; o qué sé yo qué voy a escribir dentro de un rato.

Para ser sincera la trama y los personajes deciden el género del relato. Así que, por favor, los listos de turno que se hagan la pregunta a ellos mismos y que se dejen de preguntarme este tipo de cuestiones que ni me van ni me vienen.

A mí lo que de verdad me gusta es ver la cara que pone el lector cuando termina de leer uno de mis relatos y le escucho decir:

—Qué pedazo de cabrona está hecha Galiana, otra vez me ha vuelto engañar, cómo le gusta dar un giro argumental en el momento que menos me lo espero y cambiarme toda la historia. No hay manera de pillar a esta mujer.

Me encanta ver que el lector sonríe cuando hay un happy end tal y como estaba esperando que hubiera. O cuando se enfada conmigo porque se me ha ocurrido matar al personaje que no podía morir, según él, y además lo he hecho de la manera que no debía; y entonces discutimos y me da mil razones para haberle salvado proponiéndome finales alternativos, yo le escucho sin pestañear porque me encanta prestar atención a los lectores. Lo de hacerles caso lo dejamos para otro día.

Sobre todo lo que más me gusta cuando acaban de leer uno de mis libros es servirme un burbon con ellos, o lo que ellos puedan tomarse, y charlar de nuestras cosas, sean o no de literatura.

Así que hoy voy a brindar por ti, por ser un lector maravilloso; por mí, por contarte historias; por los listos que le sacan punta a todo, pero que a pesar de ello son, como tú y yo, buena gente.

Galiana