Tacones para arriba

Nunca he entendido a las mujeres que van por la vida tan estiradas que parece que llevan un palo metido en el culo, esas que presumen de familia, vida, marido…, y se dedican a restregárselo a las demás con una soberbia vomitiva. Conozco muy bien a estas mujeres, una de mis mejores amigas es así, la quiero mucho, pero es de este tipo de personas insoportablemente odiosas.

Nosotras nos conocimos en la universidad estudiando Derecho. Ella quería ser juez, y lo es, la primera y más joven de su promoción. Yo terminé la carrera pero jamás he vestido una toga, lo mío siempre ha sido escribir.

Desde que ella se casara y formara una familia, como Dios manda por la Santa Madre Iglesia, los viernes voy con mi pareja de turno a su casa a tomarme unas pizzas y unas cervezas. Su marido es ayudante de forense, le conoció por temas laborales ya que mi amiga durante la época universitaria vivió por y para los estudios, fue su primer y único novio. Él siempre me ha parecido un auténtico patán, un tipo grosero, burdo, que presume del alto cargo que ocupa su esposa, pero en casa es de los que se sientan con el mando de la tele entre las manos y eso es todo lo que hace. Tienen dos hijos que se llevan un par de años, varones; ella siempre se quedó con ganas de la niña a lo que él siempre apostilla:

—La cuota de mujer ya la tenemos con nuestra sobrina.

Lo dice con un tono despreciativo hacia las mujeres que me repatea el estómago. Aunque lo peor es cuando ya se ha tomado media docena de cervezas, los chicos se han ido a la cama, y se le suelta la boca hablando de sexo. Le gusta presumir de cómo los sábados pone a su mujer con los tacones para arriba sobre la cama. Personalmente la frase me parece insoportable aunque lo peor es cuando su mujer sin inmutarse recalca:

—Yo, mientras, pienso en la lista de la compra.

Así un viernes tras otro. Cuando los niños fueron creciendo en lugar de la lista de la compra fue pensar en la tarea escolar de los pequeños, en las vacaciones… En cualquier cosa menos en disfrutar del sexo.

El tiempo fue pasando, los viernes mi amiga y su marido vieron desfilar por su salón con pizza y cerveza a varias parejas acompañándome. Todos ellos escucharon el tema de los tacones para arriba cuando él tomaba varias cervezas.

Un viernes ella recibió una llamada y tuvo que ausentarse por cuestiones laborales. Nunca había sucedido. Los niños ya eran preadolescentes. Me pidió por favor que no nos marcháramos, que a una hora prudencial mandará a la cama a los chicos, y nosotros siguiéramos disfrutando de la noche.

Así se hizo todo. Ya de madrugada su marido se había tomado excesivas cervezas y salió con el tema de los tacones. Esta vez no había nadie que le siguiera en la frase de tacones techo, aunque  mi acompañante le acusó de ser un egoísta y de no pensar nunca en su mujer.

—¿Vosotros cómo folláis? — Fue la única pregunta coherente que se le ocurrió.

Mi compañero empezó a darle una lección de sexo como si se tratara de los dos preadolescentes que se acababan de ir a dormir. El zafio en un momento dado afirmó:

—Esas cosas las hacen las putas, tío.

Hicimos como que aquello nunca lo habíamos escuchado. Y entonces él me preguntó:

—¿Tú haces todo eso?

—¿Te unes a nosotros? –Le contesté. Lo hice sin pensar que estaba haciendo una propuesta al marido de mi mejor amiga.

Ella nunca se enteró de cómo había terminado la noche. Ni por supuesto que como su marido había aceptado un trío en su propia casa mientras sus hijos dormían en la habitación contigua. Tampoco de como yo le ordené a mi compañero ponerle a cuatro patas sobre el suelo y follárselo.

El cretino marido de mi amiga debió cogerle gusto al asunto, ha venido repitiendo varias veces, durante varios años. Por razones obvias nunca más ha tenido lugar en su domicilio.

Los viernes cuando se toma unas cervezas mientras cenamos pizza sigue hablando de los tacones para arriba. Yo he cambiado de compañero sentimental, otro que también se lo folla a cuatro patas en el suelo cuando le doy la orden correspondiente. Mi amiga sigue tan altiva como siempre, reconociendo que piensa en la lista de la compra con los tacones hacia arriba.

Galiana