La vendedora

—Eres la mujer que más ventas ha hecho en esta empresa los últimos tres años. Ningún otro comercial se acerca ni de lejos a tus cifras. Tengo que hacerte una pregunta y sé bien que no debería, pero necesito saberlo. ¿Utilizas el sexo con los clientes?

—Si lo incluyera— le contestó ella— como técnica de venta y dado que más del 50% de nuestra facturación es mía no creo que seas tú quien deba cuestionar mi forma de trabajar. ¿Por qué lo preguntas?

—Tal vez por estar casado contigo desde hace cinco años.

Ella miró las paredes del despacho, porque estaban en la empresa. Él sentado en su sillón de jefe. Ella en la silla donde se sientan todos los vendedores. Finalmente contestó.

—Si me has citado aquí para tener una reunión entre jefe y mejor empleada por tercer año consecutivo no tengo por qué explicarte mis técnicas de ventas dados sus resultados. Ahora bien, si lo que tienes es un ataque de celotipia aunque estamos en horas de trabajo y estoy perdiendo clientes, voy a recordarte que cuando me casé contigo no firmé un contrato de esclavitud. Y ahora, si no te importa, me pongo a trabajar, soy tu mejor vendedora, esto es una empresa y estamos para obtener beneficios. Los ataques de cuernitis no pagan facturas.

Galiana