El compañero de mi mujer

El tipo era su nuevo compañero de trabajo. Por lo que ella había venido contando a casa era de esos arrogantes, poco acostumbrado a que una mujer fuera a su jefa, pero de los que sabía cómo meterse a las mujeres en los bolsillos y en algo más.

Le vi venir mucho antes que ella. A mí no me servía la excusa de “soy su jefa”.

Él fue estrechando el círculo, que si el café, el aperitivo… hasta que dio el paso a la cena.

Ella siempre ha sido bastante idiota para estas cosas, me pidió que la acompañara que para eso somos pareja.

Cuando me vio aparecer intentó disimular, pero estaba claro que yo no estaba en sus planes.

Ya en el primer plato las cartas estaban sobre la mesa, a mí no me quedaba ninguna duda qué quería acostarse con mi mujer, que llevaba tiempo intentándolo y que yo era el estorbo.

También era evidente que a ella le apetecía algo que hacía mucho que no tenía, pero que se refugiaba detrás de mí para no caer en la tentación por si acaso había alguna consecuencia de las que uno no quiere asumir.

Por lo que a mí respectaba no sabía muy bien qué pintaba allí. Ella tenía mi bendición, no la necesitaba, para resolver aquella cuestión. Pero alguien tan mojigato como ella jamás daría el paso.

Alguno de los tres tendría que tirar hacia delante.

Al llegar a los postres propuse un trío sabiendo que ella no diría que no porque lo había propuesto yo y que él diría que sí, más vale eso que nada.

Fue noche memorable para los tres.

Ella por fin tuvo un hombre en su cama, él una conquista más y yo…

Fui el que mejor parado salió de aquello.

Por fin un hombre como Dios manda me había puesto de rodillas delante de mi mujer y me había sometido a todas las perversiones humillantes que tanto me gusta hacerles a los hombres.

Galiana