Siempre gano

En todas las parejas siempre hay uno que gana y otro que pierde. En la nuestra soy yo la victoriosa se trate de las cosas más pírricas o de las más importantes.

Por ejemplo, èl siempre friega los platos después de comer mientras yo sigo sentada en la mesa dándole conversación o permaneciendo en silencio a mis cosas.

Mis cosas son mirar fijamente cómo pasa el estropajo por los platos sucios con sumo cuidado, cómo introduce la parte de la esponja en el interior de las copas de vino. Lo hace de tal manera que parece un ritual, todo con una cadencia asombrosa y siempre milimétricamente medido. Es tal la perfección que adquiere la escena que hasta el sonido del agua cayendo sobre la loza mientras arrastra el jabón no desentona en absoluto.

Puede sonar absurdo todo esto pero es que llega el momento en que no puedo más. Me levanto en silencio de la silla y me pongo tras él. Meto mis manos por el interior de su bragueta.

Ya hace tiempo que los dos convenimos que cuando yo hago estas cosas no puede dejar de fregar. Lo convertimos en una apuesta. Gano si consigo que tenga una erección antes que acabé de terminar de fregar todos los cacharros.

Si hubiera perdido le habría puesto boca arriba sobre la mesa de la cocina. Me lo hubiera follado después de haber tirado todo lo que hay en ella con lo cual después hubiera tenido que recogerlo.

Como he ganado me lo he follado sobre la encimera de la cocina. Está limpia, no tendrá nada que recoger, sólo pasarle una bayeta.

No me gusta ponérselo tan fácil, así que cuando ha llegado al final he tirado del cajón de los cubiertos con la suficiente fuerza que ha caído al suelo.

Galiana