Aprendiz de seductor

¿Así que buscas una mujer que te domine pero a la vez quieres marcarle el territorio?

Me vas a permitir que me ría de tu ignorancia, y esta vez no te vale de excusa tu excesiva juventud ni, por supuesto, que hagas gala de tu exceso de testosterona para defender que sabes bien lo que quieres y lo que buscas.

Ante tu alegato enfervorecido y brutal sobre cómo te gusta que una mujer te domine, sólo y exclusivamente en la cama, porque en el resto del territorio eres tú quien quieres ejercer de amo y señor solo te diré:

—¡Cuánto te queda por aprender!

Podría ofrecerme voluntaria para enseñarte pero no lo haré. Es más, ni siquiera te insinuaré qué te estás perdiendo cuando le pones puertas al campo, porque eso es lo que estás haciendo. Voy a limitarme a mirarte de arriba abajo, con una mirada de desprecio que ni siquiera eres capaz de percibir; a sonreírte maliciosamente, aunque tú creas que te estoy riendo la gracia; a desearte buena suerte porque, mi querido aprendiz de seductor, la vas a necesitar y mucho en la búsqueda de la mujer que sé bien que no vas a encontrar.

Galiana