El reto

Me encanta cuando me proponéis retos, pero debo reconocer que esta vez os habéis superado. La idea de escribir un relato sobre sexo me gusta porque tiene cantidad de matices. Normalmente cuando me pedís un relato de miedo, supongo que os apetece tener esa sensación, ante esta petición creo que queréis terminar de leer el relato y salir corriendo a buscar una relación sexual. Veamos si consigo superar el reto.

Para empezar debo tener cuidado, podría traspasar la raya y acercarme en demasía a la pornografía, con lo cual no sería exactamente lo que me habéis pedido. También podría sucederme todo lo contrario, una historia demasiado “blanca” intentando no ofender a nadie tampoco sería de vuestro agrado.

Sigo en el punto de partida, lo único que tengo clara es que la historia tiene que ser sobre sexo.

El sexo no es más que la atracción física entre dos personas, una experiencia que entre ellas debe ser agradable, placentera, única e irrepetible. Supongo que en eso estamos de acuerdo. A ti que estás leyendo esto y a mí que lo estoy escribiendo no tiene por qué parecernos igual, no somos los protagonistas de la historia, aunque tal vez podamos serlo ¿quién sabe?, con una mente calenturienta como la mía todo es posible.

Mejor no me despisto o al final no escribiré el relato.

La historia podría tener como protagonistas a una pareja tradicional, situarla en la intimidad de su casa, en su propia cama, después de cenar,…

¡¡Uf!! No sé a ti, pero a mí escribir sobre estas cosas tan típicas y tópicas me aburre, en lugar de elevarme la libido me la dejan como ¡ploff! Un relato de sexo debe excitar, ponernos cachondos, esta línea argumental hace todo menos eso, de seguir así terminaré escribiendo que acaban en la postura del misionero, ella fingiendo un orgasmo, él corriéndose con desgana, dándose las buenas noches y durmiendo cada uno en un lado de la cama.

Toca ponerle un poco más de salsa si quiero superar el reto.

Ella, calladita, tímida, educada, ceremoniosa, correcta, pero… le va el sado, disfruta en su papel de dominatrix. Él, vulgar, zafio, grosero, rudo, nadie diría que se postra de rodillas ante una mujer porque disfruta siendo sumiso.

¿A que ahora la trama ha cambiado bastante y te interesa algo más?

Con este tipo de personajes lo normal es que los saque del típico salón de chimenea encendida o de un dormitorio de persianas bajadas y puertas cerradas, y jamás habría luces apagadas.

Si quisiera ser exótica la trama podría desarrollarla en la naturaleza salvaje, pero no estoy por la labor de hacer que los personajes correteen desnudos por el bosque. Te propongo algo más cercano, más de aquí te pillo aquí te mato, algo que nos pueda suceder a todos. Que no sea muy sórdido ni tampoco muy manido, tipo callejón oscuro, o darle al botón de stop del ascensor, o encerrarnos en el cuarto de la limpieza de la oficina… ¿Qué tal el baño del local de copas de moda?

Recopilemos lo que tenemos hasta ahora.

Una pareja. Ella sofisticada, elegante, comedida, distinguida, nada dada al escándalo; él ordinario, soez, patán y ramplón. Están en el local de copas de moda. Guiño por aquí, guiño por allá. Mordisqueo de labio, lengua que se pasa por el borde de la copa, miradas que lo dicen todo. La lujuria que se desenfrena diciendo aquí estoy yo pero para ahora, no para dentro de un rato. Ella le indica, con un movimiento de su dedo, la dirección del baño como la mejor opción para aliviar el fuego que llevan dentro, él camina, babeando tras ella, por todo el local en silencio con la cabeza baja.

Llegados a este punto imagina que somos nosotros.

Podría continuar escribiendo la historia de sexo que tendríamos, lo que va a suceder en el cuarto de baño, lo que ambos queremos que pase, pero el sexo es para practicarlo no para leerlo.

Deja la lectura, imagina que estoy a tu lado, ¿tienes a otra persona cerca? Cómele la boca brutalmente, sin venir a cuento, de forma sorpresiva, siempre pone bastante por aquello de inesperado. Mientras tanto y sin previo aviso, la mano en su entrepierna, para dejar claras tus intenciones y eliminar su capacidad de reacción. ¿Que no tienes a nadie? ¿Para que está Tinder? ¡Vamos! ¿A qué estás esperando? ¿Estás tan caliente que no puedes esperar siquiera el rato de elegir pareja? Practica el onanismo que para algo se ha inventado, porque ganas tienes, no te lo niegues a ti mismo ni a mí tampoco. ¿O que te crees que estoy haciendo después de lo que he escrito?

Galiana