Cuestión de fe

Nunca te hice prometerme que mañana amanecería, las promesas nunca me han gustado, sobre todo cuando vienen de alguien que necesita pensar que es imprescindible para tu vida.

Tú eres de esos que te gusta pensar que quien está contigo se cree todas tus mentiras. Lamento informarte que no soy tan inocente como parezco, desde el principio albergué mis sospechas, porque eres tan excesivo que ni siquiera haces por aparentar que las piezas encajen. Cuando esto sucedía yo simplemente callé y miré para otro lado.

Si estás pensando que me movió el interés que se te vaya quitando de la cabeza. Todo es mucho más sencillo. Es cansado estar siempre dudando de todo y de todos, sobre todo cuando desde niña vives rodeada de personas que solo practican la deslealtad.

Tú sabías todo aquello, pero aún así quisiste embaucarme afirmando que no eras como los demás. Hice como que te creí, para que dejaras de atosigarme con el tema.

Todo tiene un tiempo, y el mío contigo se ha terminado. La verdad suele salir a la luz, más tarde o más temprano, aquí y ahora he decidido que la nuestra esté sobre la mesa.

Te haces el ofendido porque no quieres escuchar como una mujer te está haciendo la maleta. Tratas de culparme aduciendo que todo es un desastre debido a mi excesiva desconfianza hacia ti.

Tienes toda la razón.

Una relación es una cuestión de fe, y yo eso jamás lo tuve en ti.

Galiana