Perfecta

Se me exigió ser la estudiante perfecta. Nunca lo fui, no me interesó serlo.

Se esperó de mí que fuera la compañera de vida con una perfección intachable. Nadie me dijo que la independencia suponía una rémora, así que no estuve a la altura.

Ni de lejos fui la madre perfecta. Tal vez porque estaba demasiado ocupada en que mi hija no quisiera ser la hija perfecta que yo nunca había sido.

Nada de esto jamás me ha preocupado, probablemente porque nunca he querido ser perfecta.

Es una cualidad que no le he exigido a los demás, a pesar de lo mucho que a mí se me ha pedido.

Si buscas en mí ese concepto desde ya mismo te digo que no te molestes en entrar en mi vida; si ya estás dentro no pierdas el tiempo en despedidas y ni te molestes en cerrar la puerta salir.

Galiana