Diferencias entre escritoras y escritores

Las escritoras nos diferenciamos de nuestros colegas de profesión hombres, no en el hecho de cambiar la vocal a por la e, que sería una obviedad, el asunto va mucho más allá.

Para empezar debemos y podemos escribir sobre lo que nos apetezca. No, no estamos limitadas a escribir sobre asuntos propios de mujeres en base a que solo tenemos lectoras y a éstas solo les interesan estos temas. Dejemos claro que a las mujeres nos interesa todo.

A las escritoras suelen acusarnos de ser apasionadas por el mero hecho de ser mujeres. No voy a hacer una disertación sobre el apasionamiento de las mujeres, simplemente, desde el más profundo del mismo lanzo la siguiente pregunta:

-¿Qué hay de malo en ser apasionada?

Pasemos a la siguiente cuestión, que tengo prisa.

Otra de las cosas en las que tampoco voy a polemizar es sobre el hecho de si por ser mujer tengo continuamente que demostrar que sirvo para escribir. Simplemente, me pongo a ello y que los lectores juzguen mi trabajo. Ellos deciden si me dan la calificación de escritora o no paso de emborronar cuartillas.

Es cierto que las autoras hemos tenido que ir conquistando este territorio, como otros muchos, vetado para nosotras. Conquistar es una palabra que a muchas mujeres les aterra porque se identifican con lo masculino, y en su mente relacionan hombres y vicios. Vicios como el tabaco, el alcohol, el sexo, y las escritoras por lo visto fumamos, bebemos, mantenemos relaciones sexuales no solo con hombres, sino incluso con otras mujeres, todo en exceso.

Si, todavía algunas siguen pensado así, no han pasado página en según qué ámbitos. A todas ellas solo les diré una cosa, los trabajos son todo lo femeninos que una quiere que sean, y no, no necesariamente para ser escritora tienes que ser lesbiana, ni fumarte tres cajetillas al día, ni beberte más una botella de bourbon por noche. Una cosa vamos a dejar clara, en el barco de las escritoras cabemos las femeninas, las lesbianas, las feministas, las fumadoras, las borrachas… todas, y todas somos todas.

No perdamos la perspectiva, que hasta ahora la cosa no va mal. Para ser escritora hace falta ser mujer, libre e independiente. ¡Vaya tres palabras juntas en la misma frase! Si por separado ya tienen su aquel, unirlas suena inconmensurable, a lema revolucionario cuanto menos.

¿Hay algo más revolucionario que una mujer? Dudo mucho que lo haya.

Las escritoras siempre hemos estado ahí, escribiendo cuando no nos dejaban bajo seudónimos de hombres, a la sombra de los maridos, pero ahí.

Escribiendo sobre todo lo que nos ha apetecido, y sobre todo de mujeres. Mujeres de porcelana delicada, sí, pero que aguantaban sin quebrarse tanto el agua hirviendo para un buen té como el afilado corte de un cuchillo. Mujeres agresivas porque había que tener actitud y aptitud para sobrevivir en un mundo donde los hombres te equiparaban a la nada. Mujeres que lo llenaban todo con su mirada de ira, de venganza, de celos, de amargura, de desesperación… Mujeres tremendamente expresivas y a la vez envueltas en silencios. Mujeres de misa de domingo, dueñas de su casa y putas de su propia cama. Mujeres atrevidas, descarriadas, indolentes, indomables y sumisas. Mujeres embriagadas en perfume y perfumadas en lejía. Mujeres muertas de hambre o de envidia, o muertas sin más que de todo hay. Mujeres incultas ya que durante años les negaron el acceso a la cultura. Mujeres arribistas, soñadoras, echadoras de cartas, conocedoras de hombres, arrabaleras, vendedoras de humo. Mujeres que se han dedicado a la política, y a los políticos, conocedoras de secretos de Estado, asesinadas por ello. Mujeres… siempre mujeres.

Mujeres cuyas vidas son fruto de la imaginación de la mente las escritoras, o el fiel reflejo de alguien que les contó su vida en un momento dado.

Ahora que sabemos que la diferencia entre las escritoras y los escritores no está en una vocal intentemos relajarnos un poco, y llevar esto de la profesión de una manera algo menos beligerante, que no es necesaria una guerra de sexos para demostrar que las mujeres somos escritoras.

Galiana