Cumpliendo años

 

En la celebración de mi cuarenta cumpleaños, justo después de apagar las velas, mi madre soltó delante de todos los invitados.

—Supongo que mañana mismo irás a la peluquería para hacerte un corte de pelo propio de una mujer de tu edad.

—¿Cómo de corto se supone que deben llevar las mujeres el pelo a mi edad, madre?— Le respondí mientras le enseñaba mi larga trenza.

No supo qué decir. Yo, por supuesto, no me corté ni un centímetro la melena en los días siguientes.

Ayer celebré mi fiesta de los cincuenta. Lo hice como a mí me gusta, por todo lo alto.

Mi madre, como de costumbre, quiso ser la novia en la boda. Justo después de apagar las velas tuvo que hacer su comentario de rigor:

—Con esta edad es hora de que hagas balance de tu vida, hija.

—Si te refieres a que estamos celebrando esta fiesta en el jardín de una casa que he pagado con las ventas de mis libros, bajo la sombra de un árbol que plantado con mis propias manos y estamos rodeados de la familia de mi hija la cual espera un bebé para esta Navidad, el balance está hecho de sobra. Si hablas de otra cosa esperaré a cumplir los cien como poco.

Galiana