Saliendo de casa

Decidió salir a la calle. Se pintó el labio de rojo. Se embutió en aquel vestido que descubrió asombrada aún le venía bien. Se subió encima de unos tacones que tenía escondidos en el fondo del armario.

Ya en la calle la luz le cegó en los ojos a pesar de llevar las gafas de sol puestas, tan sólo fue por unos minutos. Enseguida el aire en el rostro le confirmó que nunca debió dejarse arrastrar al interior de aquella oscuridad, de aquel horror, no era su lugar.

Ella siempre había sido de luz, de risas, de vida.

Se miró frente al primer escaparate que le salió al encuentro. El reflejo le devolvió una mujer auténtica, la que siempre había sido. La otra, la asustadiza, se había quedado en aquella casa, la que había decidido de forma unilateral dejar de sentir como suya para siempre.

Galiana