Vino y cerveza

Hace unos días quedé a tomar unas cervezas con un colega escritor (él sólo toma vino, de hecho se precia en ser experto en la materia). Acudió acompañado de su mujer. Siempre lo hace, ella es como una especie de sombra pegada a su cuerpo. El tipo en cuestión tiene fama de… bueno, tú ya me entiendes, con lo que te es más fácil comprender que ella se le pegue como una lapa allá por donde vaya, no quiere agacharse para pasar bajo el dintel de una puerta.

Ahí estábamos los tres en la barra del bar charlando de los temas de siempre. La verdad es que me repatea bastante salir con compañeros del gremio y terminar hablando siempre de lo mismo, que si las ventas esto o lo otro, que si el intrusismo profesional, que si vas acudir a esta o tal feria, el lugar donde vas a firmar, y bla, bla, bla… Salir a tomar algo se convierte en una reunión de trabajo, con lo cual procuro evitarlo siempre que puedo, así que mis colegas me tienen por rarita. Entre tú y yo, me catalogan de antisocial. El apelativo me lo he ganado a pulso porque cuando salen estos temas suelo desconectar, es más, si entre los tertulianos la cosa se pone tensa saco el móvil y me zambullo en él en plan autista.

En este caso, como éramos tres, cuando el compañero empezó con la retahíla de siempre había poca escapatoria pero yo dejé que hablara y hablara mientras asentía con la cabeza como si me interesara la conversación. En un momento dado ella, que escuchaba absorta el monólogo de su pareja, o al menos eso pensé yo, soltó…

—Tu pozo creativo… ¿Dónde lo tienes? ¿Cómo lo alimentas?

¡Ostras! — Pensé — a mis queridas musas les han llamado muchas cosas pero esto… esto es nuevo, y es una pedantería enorme.

Estuve tentada de preguntarle qué era lo del pozo creativo porque el par de cervezas que llevaba me pedían guerra, pero el marido quiso sacarme del apuro en el que creyó me hallaba.

—Mi mujer quiere saber si el pozo creativo del que nacen tus historias lo nutres de tus vivencias, lo abonas con algo de tus lecturas, o le añades ingredientes de películas o series, o más bien incluyes tus pasiones y odios… Vamos, ya me entiendes, un poco lo que hacemos todos.

En ese momento me bebí el resto de cerveza que me quedaba, más o menos la mitad de la jarra, de un trago antes de contestarles.

—No, no tengo ningún pozo creativo al que arrojar nada de nada. Me limito a escribir historias todos los días. Unas veces salen bien, las corrijo y se las muestro a mis lectores; otras son un truño y van directamente a la papelera.

Tras mi respuesta fueron ellos los que bebieron el vino de sus copas.

Galiana