Que corra el aire

Esta historia podría haber sido real o tan sólo un producto de mi desbordante imaginación. Los hechos narrados en la misma sucedieron hace muchos años, cuando yo era una niña… Mentira cochina, no tienen siquiera una semana.  Te he vuelto a engañar. Realmente nunca han sucedido, pero bien podrían ocurrir en el futuro, aunque eso nunca lo sabremos.

No lo sabremos porque en el mundo de la no ficción al que yo me dedico no van a suceder nunca, al menos por mi parte. Hoy he decidido que no voy a volver a escribir más, porque hacer la lista de la compra no puede considerarse escribir. No más cuadernos blancos para rellenar con palabras escritas en tinta roja o verde, no más musas pululando por la casa. Se acabó. Punto y final. Lo dejo. Dimito de ser escritora.

Te estarás preguntando a qué viene esto, si es que me ha dado un siroco, si me he tomado setas alucinógenas, o qué coño me está pasando. No tengo una respuesta para ninguna de las preguntas que te estás haciendo. Podría decirte que estoy cansada, pero no es cierto. Alegar que estoy deprimida, pero éste no es el texto de una persona que sufre esa terrible enfermedad. Tampoco es una pataleta de alguien que quiere cogerse unas vacaciones, o tiene que organizar la marimorena para llamar la atención. Simplemente tengo una sensación extraña, hasta ahora jamás la había tenido, pero desde que puedo recordar es la primera vez que necesito que corra el aire entre mi cuaderno, mi pluma y yo.

Supongo que algún  compañero de profesión, seguirá contando otras historias, te gustarán más o menos ¿qué sé yo?, sólo sé que no seré yo.

Cierro mi pluma, se acabó escribir, guardo el cuaderno en el fondo del cajón.

Fue un placer conocerte, que durante tanto tiempo hayamos mantenido esta amistad. Como no me gustan las despedidas sólo me resta decirte que quizá coincidamos en el bar de la esquina y nos tomemos unas birras, siempre a tu salud.

Galiana