Adicciones

Lo confieso: Soy adicto a tus amaneceres, tanto o más que a tus enfados sin sentido por cosas absurdas que no van a ninguna parte.

Me cuesta imaginarme vivir en un mundo sin tus dudas existenciales, sin esos miedos absurdos a lo que está por venir.

No concibo la tarde de un domingo de frío invierno sin estar sentados frente a la televisión viendo una serie apocalíptica, de esas que casi nadie ve, en un canal de pago.

Me falta el aire sólo de pensar no tenerte para preguntarte en que vas a reciclar mi ropa usada.

Sé que enfermaría de algo parecido a la melancolía, si por alguna extraña circunstancia, perdiese la posibilidad de inventarme un menú con los restos de comida para sorprenderte a la hora de la cena.

Lo confieso, soy adicto a la vida que hemos construido, a la que nunca imaginé pudiera existir, a la que un día me encontré, a la que me has enseñado puede existir si uno se lo propone.

Aunque hay una cosa a la que todavía no soy adicto, y a fe que si te lo propones conseguirás que lo sea, y es abandonar este nomadismo intrínseco que llevo impreso dentro.

Galiana