Yo no lo hice

 

Yo no maté a mi padre. Supongo que dicho así no suena convincente ni como confesión ni como nada, ya que mi padre ha sido asesinado.

Me reafirmo ante su pregunta, yo no maté a mi padre.

Razones para hacerlo me sobraban. Es más, me faltarían años de vida para enumerarlas todas, pero aún así no lo hice.

Reconozco que su muerte no sólo la he deseado más de una vez, sino que la he planificado tantísimas veces que la palabra infinitas se queda pequeña.

Oportunidades para acabar con su vida nunca me han faltado.

¿Por qué no lo he hecho?

A pesar de considerarme un fracasado y un don nadie, el asesinarle, o mejor dicho el no hacerlo, no tiene que ver con un acto de cobardía o de valentía.

Sucede que mi vida siempre ha valido bastante más que la suya, y esa es la única razón que me ha impedido quitarle la vida. Nunca he estado dispuesto a cambiarla por la suya, no merecía la pena.

Galiana