Conviviendo con la hijoputez

Me levanto y me miro en el espejo, me doy cuenta que la vida es una enorme hijoputez. Es más, es una concatenación de una tras otra, con sus ciclos, sus montañas rusas, sus idas y venidas y sus periodos tremendamente agotadores.

A mi imagen reflejada en el espejo, y siempre antes de pasarme la maquinilla de afeitar por la cara, le digo que en este orden de cosas lo mejor es ir asumiendo que esto es así o buscarme otro planeta donde vivir. Como lo de salir al espacio exterior está algo complicado no me queda otra que aceptar la realidad con todo el dolor de mi corazón, o sin él, que tampoco hay que ser un triste y hacer un drama de todo lo que sucede a tu alrededor en la vida.

Lo bueno de aceptar que la hijoputez existe, que está ahí para jodernos cada minuto del día, que la tengamos asumida como el comer, el dormir, integrada en nuestro quehacer diario, significa que podemos derrotarla.

Porque la hijoputez, ésa que te putea de la mañana la noche como un martillo pilón no es invencible, y te garantizo que tampoco es inmortal.

Galiana

10 comentarios en “Conviviendo con la hijoputez

  1. Es agotador ir contra la corriente de la hijoputez. Es tan inmensa y generalizada… Yo mismo, que lucho contra ella siempre que puedo, me doy cuenta de que en el fondo, a veces, soy… un hijoputa.

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