Investigador privado

 

 

En estos tiempos ser detective privado está infravalorado. Ya nadie contrata los servicios de uno para saber si su pareja le engaña, los casos casi siempre están relacionados con tramas económicas.

Él entró en la oficina con cara de desesperación. Enseñándome la fotografía de aquella mujer me dijo mientras intentaba poner voz de tipo duro con escaso éxito:

No le voy a explicar la relación que mantengo con esta señorita, eso sólo me incumbe a mí. Le pagaré por averiguar con cuántas personas se ve. Me es indiferente si son hombres o mujeres, me da lo mismo si convive con ellas o nada más las frecuenta por un rato.

Una vez tenga la información en mi poder, y dependiendo de la misma, doblaré o triplicaré su tarifa habitual, sea la que sea.

La única condición, nunca me ha visto, y por consiguiente jamás le he pedido que investigue a esta señorita. ¿Acepta?

Sonreí. Por fin, un caso como Dios manda.

Galiana

 

11 comentarios en “Investigador privado

  1. Pingback: Investigador privado — Galianaescritora | De profesión... detective privado

  2. Estaba claro que era un padre preocupado por su hija, seguramente, recientemente independizada. Mi instinto ya no se equivoca nunca después de veinte años de profesión.
    Menos mal que oficio si tengo y a las primeras pesquisas, las porteras saben más de los vecinos de la escalera que los bancos de nuestros pufos, resultó que mi discreto cliente era el marido legítimo de la mujer de la foto.
    Por las mañanas, mientras que el profesor jubilado se reunía con algunos homólogos a pasear y tomar un café a media mañana su mujer era entrenadora personal de un conocido gym. Por las tardes, días alternos, él iba a una tertulia y ella seguía con sus entrenamientos personales. A eso de las ocho, él la iba a buscar y ya seguían su vida en común hasta el día siguiente.
    Me intrigó que con esa rutina tan normal el viejo profesor tuviera sospechas adúlteras de su atlética mujer. Me apunté al gimnasio con una oferta de quince días de prueba y sorpresa, por un suplemento también se daban masajes relajantes. Para salir de dudas no me quedó más remedio, después de una dura sesión de entrenamiento, concertar con la entrenadora ese servicio tan sugerente; efectivamente era lo que su nombre indicaba, sin ningún otro tipo de contacto físico o morbo añadido.
    Cuando a mi cliente le conté con pelos y señales la actividad extra de su mujer me miró complacido y hasta satisfecho. Seguiría pudiendo ir cada tarde a las ocho a buscarla sin miedo a ser sustituido por algún musculitos que como mucho algún bien pagado manoseo se llevaría.
    Al marcharse el viejo profesor me dejó un sobre con su generoso pago. Acariciando los billetes me puse a pensar si pasaría por cierto gym y renovar mi suscripción; para mantener el tono muscular que este trabajo de Investigador privado exige.

    Ahora sí está en tu blog un posible final para tu historia 😎🥃👍

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  3. Pingback: Re. Investigador privado by Galiana – jm vanjav hasta en 500 palabras+

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