Rarezas de escritora

Me alucina las personas que creen que las escritoras somos especímenes raros, como si nos hubiéramos escapado de algún proyecto de laboratorio, o vete tú a saber qué.

La otra mañana sin ir más lejos quedé a tomar café con una amiga. Esta se presentó acompañada. Por lo visto se había encontrado con ella por la calle y se le había pegado (todos conocemos gente así).

Nos sentamos las tres en una terraza, al aire libre, ahora no están las cosas como para meterse dentro de una cafetería. La amiga de mi amiga, rubia (¡qué le vamos a hacer!), de las que hablan con un huevo metido en la boca, se tocan el pelo constantemente y ríen nerviosas al terminar cada una de sus frases.

La chica no paraba de mirarme como si yo fuera un espécimen raro. En un momento dado decidió ejercer de pseudoperiodista, (de esos que aparecen en determinados programas de televisión).

—¿Para ligar contigo qué es lo que tiene que hacer un hombre?

Lo primero que pensé fue no contestar pero… viendo su apariencia externa y sus ademanes no le podía pedir más. De la pregunta me llamó la atención que dio por sentado que me gustan los hombres cuando para nada le había comentado mi orientación sexual, aunque eso es un tema que con ciertas personas es mejor ni tocar.

—¿Cómo que qué tiene que hacer?— le pregunté.

—Mira— hizo una pausa mientras se tocaba el pelo por enésima vez— Me refiero a que si un hombre…— Dale con que tiene que ser un hombre — ¿para ligar contigo tiene que leerse todos tus libros o por lo menos lo que escribes en tu blog?

Intenté contestar de forma rápida y tajante para zanjar la cuestión.

—Una cosa es buscar editor y otra una persona para pasar un rato.

Por su mirada supe que el cuestionario iba a seguir.

—Creo que no me estás entendiendo— soltó entre risitas — lo que trato de preguntarte es si al hombre que quiere ligar contigo…— lo de que sea yo quien quiera ligar ni se le pasa por la cabeza a la rubia esta—… le hablas de tus libros, tus escritos, no sé… cosas así.

Miré a mi amiga con esa mirada de ¿qué hago?, dado que no sabía el nivel de relación de amistad que había entre ellas. Mi amiga puso ojos de haz lo que tengas que hacer.

Por aquello de que la paciencia es una virtud le contesté.

—Ya te lo he dicho antes, no mezclo trabajo con placer.

La rubia estaba decidida a seguir ejerciendo de pseudoperiodista.

—Bueno, sí, pero… lo que trato de preguntar es si el hombre que quiere ligar contigo, ¿cómo te diría yo?… —comenzó a balbucear— ¿tiene que regalarte un libro? Doy por sentado que las escritoras leéis mucho y seguro tienes una biblioteca en casa.

En eses momento decidí mandar a la mierda la paciencia, el decoro y… Estaba claro que no diferenciaba echar un polvo de tener una relación sentimental. Le contesté.

—Me da igual la persona con la que paso un rato. Eso sí, cuando termino de follármela le exijo que le ponga la correa a mi gata y la saque a pasear por la acera.

La rubia dejó de tocarse el pelo, se me quedó mirando con los ojos muy abiertos, bebió un largo sorbo de café. Miró a mi amiga y le dijo sin sacarse el huevo de la boca:

—¡Qué raras son las escritoras!

Galiana

18 comentarios en “Rarezas de escritora

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