Reunión de vecinos

A ella ir a la reuniones de vecinos le parece una ordinariez debido a la, según ella, chusma que asiste a las mismas. Mi mujer es de ésas que nació para marquesa y se dejó el carro en el camino. Va de altiva por la vida simplemente porque tuvo algo de suerte, viene de una familia acomodada que se lo ha dado todo, nunca ha recibido ningún palo del estilo un despido o algo parecido y cuando algo le ha ido medianamente mal se lo han compensado con dinero.

De puertas para afuera aparenta mucho más de lo que tiene. Hormiguita hasta casi la tacañería de puertas para dentro, se permite escasos pero calculados lujos para hacer rabiar a vecinas y conocidas.

Cuando nos casamos exigió una rigurosa separación de bienes, tenía muy claro que nadie le arrebataría lo suyo. Soy su marido porque es de las que gusta de presumir de hombre al lado. Esa es la razón por la que me envía en su nombre a las reuniones de vecinos, evita juntarse con la chusma y, como rancia tradicionalista, así aparenta que soy yo quien lleva los pantalones en casa.

Esta vez era reunión extraordinaria, se votaba sustituir la puerta del portal ya algo deteriorada por una estructura de hierro que, dicho sea de paso, costaba un pastón exagerado. Mi mujer proponía repararla para evitar derramas desorbitadas, por ahorro y por sospechar que el presidente de la comunidad, al que odiaba, se lucraba con comisiones bajo cuerda por aprobar ciertos presupuestos.

La noche anterior a la reunión bajé la basura, como todos los días, al cuartucho, débilmente iluminado por una bombilla, donde estaba el contenedor comunitario. Al levantar la tapa escuché un ruido a mi espalda y me volví a medias, el presidente me empujó sobre el mismo, aplastando mi cara boca abajo sobre la tapa naranja, al tiempo que cerraba la puerta.

—Sé lo que te ha mandado votar la zorra de tu mujer, pero también conozco tu secreto.

Abrí los ojos como platos. Ni siquiera ella lo conocía.

—¿Crees qué no veo cómo me miras en las juntas de vecinos o cuando nos cruzamos en el portal? —prosiguió— Hoy vas a tener lo que estabas deseando y que la den a la estirada de tu mujer.

Se desabrochó la bragueta mientras me colocaba de espaldas a él, bajándome violentamente el pantalón del chándal.

Allí, jadeando y sudoroso sobre el contenedor de basura, cambió mi voto. Ni siquiera pensé en el follón que mi esposa me montaría cuando llegara el acta de la reunión, solo disfruté de aquella forma tan brutal mi deseo oculto tanto tiempo esperado. Ya pagaría ella por aquel bestial y magnífico cambio de opinión.

Galiana

 

5 comentarios en “Reunión de vecinos

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