Tres no son multitud

Me lo presentó como un amigo de su exmarido, por como la miraba supe que siempre quiso meterse en su cama. Ella jamás lo sospechó, como tampoco vio que su ex tenía la bragueta demasiado suelta hasta que fue tan evidente que ya tenía los papeles del divorcio firmados.

Cuando yo aparecí en su vida aún estaba llorando su pena, y eso que había pasado ya bastante tiempo acompañada solo por sus lágrimas y por aquel tipo que se las limpiaba intentando llevársela a la cama.

A él no le iba el papel de pagafantas, con lo que mi aparición en escena le hirió el orgullo. Un don nadie, yo, venía a pretender comer en su corral. Me convirtió en su enemigo desde el principio, su mejor diversión consistía en humillarme delante de ella puesto que las salidas en trío eran habituales, dado que ella empezaba a recuperar su autoestima complacida al ver que dos hombres se disputaban sus atenciones.

Aquella tarde los tres habíamos quedado en el centro comercial. Ella quería que le acompañáramos a comprarse ropa. La intención no era adquirir nada, pero tenía que poner una excusa para lucir de algún modo dos hombres con ella.

En la segunda tienda la convencimos, sin ningún esfuerzo, que mejor tomábamos algo en la terraza de uno de los bares.

Nada más pedir la consumición fui al baño. La tarde me estaba resultando cargante. Ella me atraía pero estaba comenzando a saturar tanto cortejo estúpido, empezaba a soportar todo aquello por no ceder ante el despliegue de medios que contra mí dirigía el otro tipo, el macho alfa.

Fue allí, en aquel repugnante baño cuando todo cambio.

Me encontraba lavándome las manos cuando él entró. Me agarró con fuerza del cuello sin mediar palabra. Su vigor y mi sorpresa le facilitaron que me introdujera en uno de los aseos. Su humillante bofetada terminó por desconcertarme del todo mientras me obligaba a ponerme de rodillas y se desabrochaba la bragueta. No hizo falta que me dijera lo que tenía que hacer. Cuando terminó de correrse en mi boca me tiró del pelo hacia atrás y desde su posición dominante me soltó:

—Esto ahora va a ser cosa de tres, ya sabes cuál es tu lugar. —Después se subió la cremallera y me dejó en el suelo aturdido.

Volví a la mesa junto a ellos, ambos reían como si nada hubiera pasado, me incorporé a la conversación excitado por lo sucedido. En un momento dado él me miró y me dijo:

—Deberías buscar un hotel para esta noche, para los tres.

—Lo que tú digas estará bien— Le contesté, bajando la mirada.

Ella nos miró a los dos sorprendida, sin saber qué decir, tan solo asintió con la cabeza.

Galiana

7 comentarios en “Tres no son multitud

  1. Entrada sorprendente y mejor final ! Y bueh…cada uno acepta lo que le agrada…o no era así? La decisión descubre a veces, una identidad fantasma. Un cálido saludo!

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