Los escritores, unos perfectos hijoputas

 

Los escritores somos unos perfectos hijoputas, léase bien la palabra toda junta porque nuestras madres están quedando al margen de todo esto. Lo somos porque nuestros lectores creen conocernos a la perfección, y lo creen porque así es como nosotros hemos querido que sea.

Me acabo de cargar un mito, lo sé, pero es que he dicho que somos unos perfectos hijoputas y voy a demostrarlo, con lo cual ya de primeras estoy salvando mi culo y si no quieres seguir leyendo no sigas.

“Hijoputa” es un exabrupto, sí, y utilizado por un escritor para reconocer que lo es mina toda su credibilidad, pero en algún momento hay que dejar de contar mentiras y aquí y ahora es el momento, por lo menos el mío.

Un momento, y vayamos por partes porque la primera cuestión, y tal vez la más importante, es definir el concepto “mentira”. Tenemos la fea costumbre de llamar mentira a cualquier cosa que no sea decir la verdad, cuando no decir la verdad no es necesariamente mentir.

Partiendo de esta premisa ¿un escritor cuando escribe un texto miente o no? Como diría el maestro Shakespeare, por boca de Hamlet, ésa es la cuestión.

Hasta ahora sigo justificando lo de ser hijoputa.

Para ser escritor a uno le tiene que nacer desde dentro lo que quiere contar. Sólo así se le remueven las entrañas al lector, porque a éste poco o nada le importa que sea verdad o mentira lo que se ha escrito porque amará, odiará, temerá, peleará a partes iguales por lo leído, eso es lo que importa. Lo demás ni está ni se le espera.

Los escritores nos llevaremos la fama, porque somos así de hijoputas, pero no es cierto porque el texto con su argumento, con sus protagonistas, será sublime o un auténtico bodrio porque el lector así lo quiera.

Escribir quita tantas horas de sueño como leer, ambas deben ser una adicción y comparten el vértigo que da el sentirse  complementarias.

Para escribir no hay edades ni tiempos, tampoco lo hay para practicar la lectura. Escribir está por encima de credos, de banderas, de excesos, de modas, de revoluciones, de… Leer provoca todo eso y mucho más.

Los escritores, aunque seamos unos hijoputas, a solas y a oscuras asumimos el rechazo como parte de nuestras vidas, ese que nos ofrecen los lectores, ya sea uno solo o muchos nos da lo mismo porque nos provoca el mismo dolor. Alguno de nosotros lo muestra al público sin escrúpulos porque va de víctima por la vida, pero hay quien lo padece como las hemorroides.

El binomio entre escritor y lector está precisamente en esa hijoputez, en nuestra hijoputez. Porque la hijoputez siempre es atractiva, seduce, provoca, atrapa, desconcierta, desnorta, enreda, agrede… el lector ante esto siente un torrente de sentimientos descontrolados que van desde al amor al odio visceral.

El escritor frente una página en blanco se siente desnudo como frente un espejo. El lector frente a un texto lleno de palabras siente lo mismo.

Llegados a este punto los escritores sigamos siendo hijoputas y los lectores sigan leyéndonos a sabiendas que somos una causa perdida. Perdida, cierto, pero su triunfo es el nuestro porque saben que pocas cosas nos importan más que ellos y, tal vez por eso, nos perdonen que seamos unos auténticos hijoputas.

Galiana

24 comentarios en “Los escritores, unos perfectos hijoputas

  1. Nunca lo había pensado así, pero analizando mis actitudes cuando escribo, sonriendo cuando inserto una pista falsa para que el lector pase por esa puerta y después se sorprenda con su equivocación, caigo en la cuenta de que soy un reverendo hijoputa. ¡Feliz año!

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  2. El escritor es lo que el lector quiere hacer de él la mayoría de las veces, es verdad, pero también es lo que siente al escribir, lo que le motiva, lo que le induce a hacerlo, esa fuerza interior que no tiene nada que ver con el lector, sino con sí mismo.
    Un abrazo y feliz año.

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  3. “Para ser escritor a uno le tiene que nacer desde dentro lo que quiere contar”. Estoy muy de acuerdo con eso, el problema viene cuando alguien se apropia de lo que es tuyo y lo usa en su beneficio. A mí me ha pasado. Y al tipo le fue bien con el personaje del que se adueñó (ganó un premio y todo con su novela). Desde entonces pienso que, sí, efectivamente, algunos escritores son unos verdaderos hijoputas.

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  4. Pícaras y sátiros de la literatura diría yo más bien. Procurando satisfacer la morbosidad de los lectores. Una relación que cuando funciona bien es simbiótica y no de engaño o hasta sumisión como pudiera parecer 😁🖐️

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  5. Soy un HIJOPUTA con mayúsculas, pero feliz de serlo, de no ser así, no podría escribir,
    No voy a decir que me siento identificado con ello, pero es lo que hay, tampoco lo llevo en los genes, será porque aparte de mi y una sobrina en mi familia no hemos pasado de cuidar cabras, bueno quizás uno o dos fueron o son camareros (hay que estar como una cabra). Bromas aparte, no es de familia lo de escribir, lo de ser un hijoputa, sí, y ha mucha honra, y seguiré siéndolo mientras viva o el alzheimer me deje.
    Pero visto desde el punto del lector, (que lo soy) me encanta los escritores hijoputas, nunca saber por donde te van a joder. 😉
    PD: Se buena o los reyes te traerán solo carbon. 😉

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  6. Sigamos escribiendo!
    Nuestros lectores quieren que lo hagamos para poder adentrarse en nuestras procelosas aguas. Si disfrutaron, esperarán nuestros
    relatos. Si no cumplimos con sus expectativas, como nos han leído
    otras veces, nos disculparán, con benevolencia, cerrando el libro a la espera del próximo. Yo lo he hecho más de una vez…

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