Demonios interiores

<<Mujer sola busca demonio interior al que enfrentarse>> eso fue lo que me dije a mí misma esta mañana nada más levantarme de la cama.

A priori el plan me pareció perfecto, mucho mejor que el llevado a cabo en las últimas 48 horas. Entre otras cosas porque la habitación, las sábanas y yo misma apestábamos a demasiadas cosas.

Necesitaba colocarme bajo el grifo de la ducha de agua caliente hasta que de la piel se me fuera por el desagüe la amargura; las sábanas un lavado a 90° y con lejía para que de ellas desapareciera la desesperación que desprendían; y abrir las ventanas podría ser suficiente para que saliese de una maldita vez lo que sólo yo podía ver, oler y sentir.

Una vez solucionadas esas tres cuestiones restaban algunos flecos pendientes por solucionar.

Empecé por vaciar el cenicero atestado de colillas que seguía sobre la mesita de noche. Mientras lo hacía me pregunté a qué diantres había venido lo de fumarme un estanco entero como si no hubiera mañana. Yo que en mi puñetera vida había encendido un cigarrillo, ¿qué coño quería demostrar con eso?

Después vino el ver, con cara de circunstancias, las cuatro botellas vacías de bourbon esparcidas de cualquier manera por la alfombra.

Mis pulmones debieron alucinar con lo sucedido en estos últimos dos días, en cambio para mi hígado ha sido un poco más de lo mismo. El hecho es que ahora sé, a ciencia cierta, que ha sido la última vez que sucederá una mezcla tan explosiva en el interior de mi cuerpo.

Los restos de los cigarrillos y las botellas vacías están ya en la papelera, podría sacarlos de la habitación, pero no lo haré. Quiero que se queden aquí, en el mismo cuarto que reposan los restos del demonio interior que he estado ahumando y alcoholizando.

Antes de salir vuelvo a mirarme al espejo. Me he desinfectado, o por lo menos así lo siento. Me veo guapa, quizá sea porque estoy sin una gota de maquillaje y eso me favorece.

Dos días con sus respectivas noches dan para mucho, te hacen más fuerte, más segura de ti misma. Sé que puedo salir por la puerta de este mugroso motel de carretera sabiendo que he sobrevivido.

Lo que más me gustó de ti es que, a pesar de ser un demonio, pusiste la casa que compartimos a mi nombre, y siempre es bueno saber que tienes un techo al que volver, lo de menos es que esté vacío. Respecto de tu cuenta corriente no debes preocuparte, ya me encargué yo de saqueártela antes de venir a este lugar a vencer al demonio interior que me inoculaste hace tiempo.

Galiana

 

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