La novela

Tocaron el timbre de mi puerta de madrugada identificándose como agentes de la unidad especial de intervención. Por el hueco que deja la cadena de seguridad de la puerta pude ver tres individuos vestidos con traje negro, con un pinganillo en la oreja, y con pinta de haberse escapado que alguna película donde debían hacer de guardaespaldas de algún político. Me enseñaron sus placas. Me pidieron por favor que abriese la puerta y les dejase pasar para no llamar la atención de los vecinos.

No sé por qué extraña razón les hice caso. Supongo que pensé que se trataba de alguna broma pesada de alguno mis amigos o qué sé yo, el caso es que les dejé pasar y les seguí el rollo.

El tipo más alto se puso junto a la puerta como si quisiera impedir que alguien entrara o que yo saliera. Me parecía ridículo el plan pose a lo James Bond, sin sacar ningún arma por supuesto, y totalmente en silencio que se gastaba.

El tipo sin pelo se colocó junto a la ventana mirando hacia la calle, como si quisiera aprenderse las farolas o las ventanas del edificio de enfrente, todas apagadas porque a esas horas ni Dios estaba despierto.

El pelirrojo era el único de los tres que hablaba. Me pidió que me vistiera y que cogiera ropa como para pasar fuera un fin de semana. Yo le dije que no iba a ir con ellos a ninguna parte. Entonces empezó hacerme gestos para darme a entender que podía haber micrófonos ocultos en mi casa.

El tipo que iba de James Bond se apartó de la puerta y con un aparatito empezó a pasearse por la casa mientras todos estábamos en silencio. Yo no pude aguantar aquella situación tan esperpéntica y empecé a reír. No hacía más que pensar en quién sería el gilipollas que querría poner un micrófono oculto en mi casa. Cuando se me pasó la risa floja solté:

—Saluditos para el que escucha.

De repente James Bond dijo que podíamos hablar, que allí no había nada. Yo puse cara de resignación como dándoles a entender que lo raro hubiera sido encontrar algo.

El pelirrojo me pidió el portátil y todos los dispositivos tipo tablet que pudiera tener, en su lista incluyó mi móvil. Me negué a ello. Fue cuando sacó una orden judicial en la cual se decía que por mi seguridad debía entregar a los agentes de la unidad especial de intervención todo aquello, ya que mi vida estaba en peligro.

En ese momento fue cuando se me quitaron las ganas de reírme y de pensar que aquello era una broma.

Le entregué al pelirrojo todo lo que me estaba pidiendo. Fui al dormitorio a vestirme porque hasta entonces estaba con una camiseta de algodón por los muslos y las bragas debajo; y a preparar, como él me había dicho, ropa para pasar fuera un fin de semana.

Cuando estuve lista volví al salón. El James Bond seguía inspeccionando el portátil, el teléfono y demás, el calvo sin apartar los ojos de la calle, y el pelirrojo en silencio.

—¿Alguno de los tres puede explicarme porque un juez cree que mi vida está en peligro?

El pelirrojo me contó que tenía que ver con la trama de mi nueva novela. Aquello me pareció imposible porque ni siquiera había llevado el manuscrito al Registro de la Propiedad Intelectual, es más, ni siquiera se lo había comentado a mi editor, así que ¿cómo era posible que un juez conociera el argumento de mi nuevo libro? Pedí explicaciones, sólo tuve silencio.

Una vez terminaron de revisar mis dispositivos electrónicos me dijeron que íbamos a salir de la casa y que con toda seguridad entre el portal y el coche que nos estaba esperando alguien intentaría matarme.

—Me deja usted muy tranquila, la verdad — le dije con ironía al pelirrojo— Es tranquilizador saber que una sale de madrugada de su casa, en compañía de tres tipos que dicen ser de la unidad especial de intervención enviados por un juez para salvar mi vida, y que puedo palmarla nada más salir del portal, es muy tranquilizador.

En el ascensor el pelirrojo insistió en que no me preocupara, que lo único que tenía que hacer era seguir sus instrucciones. Si pretendía que no estuviera acojonada, el resultado fue el contrario.

Al llegar a la altura de los buzones pude distinguir un coche negro frente del portal, escuchaba perfectamente el motor encendido. Me dio por pensar que si aquellos tipos querían hacer las cosas con disimulo aquella no era la mejor manera, aquel coche en mi barrio cantaba por soleares. No soy mujer de rezos, pero creo que en medio segundo me recé una letanía, un rosario completo, tres Padrenuestros y cinco Avemarías por lo menos.

Salimos a la calle. Sucedió. El tipo calvo hizo un movimiento extraño. El pelirrojo tiró de mí con fuerza llevándome en volandas al interior del coche. Escuché el sonido de un disparo. Giré la cabeza. James Bond estaba tirado en la acera y de su pecho salía sangre. El coche arrancó. No sé cómo estaba sentada entre el pelirrojo y el calvo. Recorrimos un par de manzanas. Las cuatro personas que íbamos en el vehículo estábamos en silencio hasta que el pelirrojo soltó:

—Se ha portado muy bien, señorita Galiana, lo ha hecho muy bien.

En ese momento el conductor del coche se giró. Sacó un arma entre los asientos delanteros con una de sus manos. Disparó primero al pelirrojo, después al calvo. Con tranquilidad volvió a colocar las dos manos en el volante y mirándome por el espejo retrovisor dijo:

—Esté tranquila, ya tengo lo que he venido a buscar.

Galiana

6 comentarios en “La novela

  1. Me causó mucha admiración la forma de describir los personajes, sin para en cada uno de ellos. A través de la trama mi hice poco a poco a la imagen de cada uno de ellos y casi hasta una parte de su personalidad. El ambiente se pone lo suficientemente intenso como para un fin si inesperado. Muy buen relato,e gustó mjcho

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  2. Bien, muy bien. En las primeras palabras ya te dan ganas de saber más, que va a pasar. Y sigue con un muy buen ritmo narrativo.Cinematográfico. Y los diálogos suenan a reales, cosa que no abunda en muchas novelas.Además lo que dice o piensa la ” Galiana” te situa y define en dos lineas perfectamente su personaje, su personalidad y caracter. O sea, muy bien. Solamente un pero que, realmente no es tal : con ese ritmo y economia de palabras no es facil llenar
    , digamos, un minimo de 250 paginas. Pero, Felicidades.

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