¿Cómo te ha ido el día?

Me preguntas cómo me ha ido el día, no sé qué decirte.

Comencé tomándome el café, el que tú me hiciste como de costumbre. Si tú no me lo preparas saldría por esa puerta sin desayunar y sin mi dosis de canela. No sé por qué en las cafeterías no le añaden unos gramos de esta especia, con el increíble aroma y energía que le da. Además, solamente te dije una vez me que gustaba el café con canela y desde entonces siempre que salgo del baño lo tengo preparado antes de irme al trabajo.

Mientras me lo tomaba te anudé la corbata, esa que nunca utilizas porque jamás utilizas traje, y después me fui feliz al despacho.

Los clientes de la asesoría aunque cambian sus caras, sus nombres, siempre quieren lo mismo, todos tienen los mismos problemas o casi parecidos. Algunas veces envidio tu trabajo, lleno de creatividad y tan poco rutinario, pero también sé que soy incapaz de hacerlo. Soy demasiado prusiana.

Almorcé con mi socia, como todos los días. La conoces hace años, uno de tus lienzos blancos es más interesante que su vida. Quizá ésa es la razón por la que siempre nos hemos llevado tan bien, por la que montamos juntas la asesoría, por la que nunca nos peleamos por el negocio. Algunas veces me gustaría pensar que, al igual que nuestros clientes, ella también trata de esconderme algo para que yo la pueda descubrir y tenga que amenazarla con que luego se meterá en un lío con Hacienda. En fin, esas cosas que a ti no te gustan nada; me encantaría imaginármela en una tienda de lencería comprándose un conjunto de esos que te vuelven loco y quedando con un hombre por Tinder, porque desde que rompió con su pareja, hace como dos o tres años, está bastante pérdida.

Me quedé un rato más en el trabajo, tenía que resolver un expediente de un cliente algo complicado. Te llamé para decirte que tardaría. Volví a casa andando, aproveché que los días son más largos, ya no hace frío, y me gusta disfrutar de las puestas de sol.

No sé por qué me apeteció un helado. Ya sabes que me encantan. Entré en nuestra heladería preferida. Menta y chocolate. Me senté tranquilamente a degustarlo. Mire el reloj, se estaba haciendo tarde. ¿Tarde para qué? pensé, nosotros no somos de horas ni de horarios, nunca lo hemos sido. Sin prisas terminé de comerlo. Salí del local rumbo a casa, caminando

Me extrañó que no hubieras hecho la cena. Bajé a tu estudio por si te hubieras extasiado con alguno de tus cuadros. Sobre la mesa había una botella de vino abierta y dos copas servidas. Pensé en si hoy teníamos que celebrar algo y se me había olvidado. Subí de nuevo a la casa. No estabas en el salón, ni en la cocina.

Subí a la otra planta, al dormitorio. Aquí estabas, desnudo en nuestra cama, preguntándome cómo me había ido el día. Te lo conté mientras ignoraba que a tu lado estaba desnuda otra mujer, mi socia.

Galiana

20 comentarios en “¿Cómo te ha ido el día?

  1. Odio un poco las decisiones liberales de muchas parejas, no es que no esté de acuerdo, es su vida al fin de cuentas, pero cuando la gente dice que se debe amar sin poseer y que no importa experimentar con otras personas mientras se quede contigo al terminal el día, veo el amor tan reducido, es una excusa tonta. Me encanta el relato, vaya ¡me fascina! y me llena de inquietud el no enfrentarnos por miedo a perdernos.

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