A seis manos

Dar a luz un hijo no es fácil, te lo digo yo que he sido madre por dos veces. Y, aunque no es comparable ni de lejos, alumbrar a un personaje tampoco es sencillo.

Para esto cada maestrillo tiene su librillo. Al igual que cada parto de cada uno de mis hijos fue diferente, el alumbramiento de cada personaje nunca es igual.

Por regla general me llevo al personaje a un lugar donde él y yo podamos conversar de manera distendida. Eso no significa que tengamos que estar solos, pero sí a solas. Un sitio que a nosotros nos resulte íntimo, donde podamos tener esa intimidad aunque sea a la vista de otras personas.

¿Qué lugar puede ser ese? Pues lo mismo nos acurrucamos en el sofá del salón comentando una serie de televisión cuya trama nada tiene que ver con la que va a desarrollar el personaje; lo mismo nos vemos en la cama, y lo único que hacemos es contar las vueltas que dan las aspas del ventilador del techo porque es verano y hace un calor insoportable; o nos sentamos en la mesa de la cocina, frente a frente, mientras nos tomamos un café sin hablar, porque el silencio a veces dice mucho más de lo que uno puede imaginar; también podemos colocarnos bajo el grifo del agua caliente de la ducha, y dejar que esta nos caiga relajante mientras nos enjabonamos el uno al otro.

Todo depende siempre del personaje, de cómo quiere ser, de su tipo de personalidad. Porque desde el principio es él, y sólo él, quien está al mando. Bastante he hecho yo ya con decidir la trama, con lo que le toca a él llevarla a cabo y decidir cómo quiere desarrollarla. No voy hacer yo todo el trabajo.

Siempre digo que soy contadora de historias, así que dejo al personaje tener vida propia, que sea como quiera ser. Tan sólo  impongo una condición, siempre debe guardarse algo. Esa es la marca personal de la casa. Porque, seamos sinceros, ¿a quien le gusta saber todo de una determinada persona? Mis personajes siempre le reservan al lector ese pequeño espacio, para que este pueda rellenarlo con su imaginación.

Esta es la manera en que construyo un personaje. Lo que se dice a seis manos entre lector, el personaje, y yo. ¿Sencillo, no?

Galiana

11 comentarios en “A seis manos

  1. Yo, primero intento ir a beber de las fuentes de la inspiración. Como esto no siempre (o casi nunca) da el resultado esperado, entonces me voy a beber de la fuente del barril de cerveza. Mano de santo, oye. Tras trasegar unos litros de ese brebaje místico, todos los personajes del mundo vienen a pedirme audiencia para que los encaje en mis historias. Como decís, cada maestrillo…

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  2. Yo soy más pastor. Mejor, soy perro pastor. Les muerdo las canillas si no van por donde yo quiero. Que luego da igual, porque soy incapaz de hacerme con ellos. Pero, oye, un mordisco en canilla corderil siempre sabe a gloria.

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  3. Cada maestrillo tiene su librillo, yo me doy paseos por el campo y vamos cambiando impresiones, me cuentan lo que les parece, la trama que debo de seguir para no causarles mucho extravió y si tienen tiña a alguien me lo cuentan, por si pueden darles un par de puñaladas, aunque a veces solo sea un puñetazo, por lo menos se desahogan y me dejan seguir. Otras nos atascamos en las discusiones de qué cada cual y nos cuesta más seguir adelante (en el libro) el paseo no lo paran, al revés, encima les gusta. 😉

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