La tormenta

Fuera está lloviendo. Es tan sólo una tormenta de verano, pasajera. Mucho relámpago, mucho trueno, mucha gente gritando y corriendo en busca de refugio. Todo muy espectacular, muy rápido, muy del momento. No dejará huellas.

Dentro está lloviendo. Una tormenta que se veía venir, estalla en el peor instante, para estas cosas nunca hay momentos perfectos. Los turnos son perceptibles en la calle pero nadie parece escuchar. Los habitantes de la casa no tienen donde refugiarse del aguacero que les cala a pesar de llevar la ropa seca.

Fuera hace tiempo que dejó de llover. Las gentes pasean con normalidad. Se escuchan risas de niños. El sol brilla.

Dentro la tormenta ha cesado. Hay destrozos irreparables. El sol tardará en volver a salir.

Galiana

 

 

28 comentarios en “La tormenta

  1. Los destrozos de las tormentas internas o de puertas adentro son más difíciles de arreglar que esos fenómenos meteorológicos.
    Las tormentas emocionales se suelen gestar durante tiempo y cuando estallan se llevan por delante todo lo que encuentran y es difícil recomponer los trozos en los que queda partido el corazón.
    Un abrazo.

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  2. ¿Quién nos podrá librar de las tormentas que estallan en nuestra alma?
    ¿De las disputas de nuestra cama?
    ¿De las vajillas que en la cocina se lanzan?
    ¿De las palabras que arden en el alma?
    ¿Quién será capaz de perdonar la afrenta de una lengua incontrolada?

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