Una historia de amor diferente

No entiendo la manía que os ha dado por pedirme, a través de cualquier medio de comunicación, que escriba una historia de amor diferente. Recalcándome lo de diferente como si las historias amor fueran todas iguales, cuando a mi ninguna me lo parece.

Hay historias de amor entre dos personas del mismo o distinto sexo, de edades similares o con diferencia considerable, de pensamiento idéntico o totalmente opuesto. Las combinaciones entre estas variables y algunas más son infinitas, con lo que es prácticamente imposible que tengamos una historia de amor siquiera parecida a otra.

Tampoco es cierto que deba cumplirse la norma no escrita sobre que las historias de amor son siempre entre dos. Es cierto que hemos recibido una educación de emparejamiento como tendencia a la perfección, pero la vida nos enseña que la perfección no existe.

Todos conocemos triángulos amorosos, ésos de los que no se debe hablar en público porque causan incomodidad a quienes escuchan conversaciones ajenas, que duran toda una vida. Relaciones a tres bandas dónde puede que todas las partes estén al corriente de la situación asumiendola con una normalidad que asusta a quienes son de misa de domingo y viven en una situación parecida porque la hipocresía es su bandera y la libertad ni la conocen. También puede darse que las partes ignoren que el dúo es un trío porque es más sencillo que enfrentarse a un dolor que ni quieren infringir ni mucho menos recibir. Por supuesto puede que nadie esté al tanto de la verdadera situación porque lo importante no es la cantidad de personas que forman parte del tinglado sido la calidad de los sentimientos que cada uno sepa trasmitir al resto.

Las historias de amor son todas diferentes porque nunca son sencillas, ni inocentes, porque ni son blancas ni son negras, están llenas de matices. Son vidas que se entrecruzan y entremezclan mostrando fragilidades y enterezas lo que las convierte en complicadas y delictivas.

Quienes forman parte de una historia de amor pueden convertirla en el drama de su vida, con lo que la tragedia se masca desde el acto I, escena I, pero como han pagado la entrada no tienen lo que hay que tener para abandonar la sala haciendo mutis por el foro, pero que siempre causa menos notoriedad que organizar un buen expolio. También puede ser una comedia ridícula y absurda, tan llena de surrealismo y tan sacada de contexto que termine por caricaturizar y deformar a los actores que la interpretan, hasta el punto que el público asistente siente que se han burlado de ellos con una actuación tan disparatada como grotesca. Para saber si nos encontramos ante una historia de amor cómica o trágica lo único, y no es poca cosa, que debemos hacer es sentirla, disfrutarla, aplaudirla o llorarla; vivirla sin ambages, sin traumas, sin imaginar que la meta es llegar a un final feliz.

Una puntualización sobre esto de los finales felices. ¿Desde cuándo el hecho de dar por terminada, zanjada, finiquitada, liquidada o acabada una ilusión compartida puede calificarse de feliz? Escribir feliz y final en la misma frase no es un buen augurio, puede que económicamente sea rentable para alguna o ambas partes implicadas, pero poco más.

Dicho todo esto, no, no voy a escribir una historia de amor diferente, donde se recalca el adjetivo por encima del sustantivo. No voy a hacerlo porque ni yo ni nadie puede, ya que las historias de amor son todas diferentes y, lo que es más importante, los encargados de hacerlo son quienes forman parte de la misma y contar intimidades personales no es algo que se me haya dado bien nunca.

Galiana

18 comentarios en “Una historia de amor diferente

  1. La vida como las historias y las historias como la vida no es felicidad. Hay de todo felicidad, agravios, desagravios. Amores y desamores.
    El que quiera historias de final feliz, el Corin Tellado era muy buena para eso. 😉
    Feliz fin de semana.

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  2. Permíteme la referencia procaz: Ha un chiste de adolescentes en que uno se está castigando el miembro ¿viril? a martillazo limpio, otro le pregunta ¿Qué haces, loco? Y responde, me estoy haciendo una paja. Su interlocutor pregunta ¿Y cuándo te viene el gusto? y el protagonista concluye, cuando me dejo de dar.
    Viene esto a colación de los finales felices y su dudosa existencia: Hay amores tan tóxicos que la felicidad aparece cuando se terminan. Por lo demás, real como la vida misma.
    Besos

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