Historias de amor

No sé por qué me pides que escriba una historia de amor cuando sabes perfectamente que no me gusta nada hacerlo. Me resultan tediosas, absurdas e incomprensibles.

Siempre son más de lo mismo. El escenario donde se desarrolla o los condicionantes que la provocan pueden ser alterados, pero los sentimientos que hay entre los personajes y el final son invariables y espectacularmente aburridos.

Para escribir una historia de amor necesitas al menos dos personajes aparentemente inocentes, pero solo en apariencia ya que de serlo es imposible que terminen por dejarse arrastrar por todo aquello que huele y sabe a pecado. ¿Acaso las historias de amor son pecaminosas? Ni puras, virginales e inmaculadas ni un río de pecados encadenados, en el punto intermedio, como en casi todo, está la virtud.

Una buena historia de amor no es más que la sucesión interminable de una serie de incertidumbres. Tras ellas se refugian los personajes cuando son unos pazguatos cobardes, que a lo más que llegan es a provocar pena de tan lastimosos que son. Sucede que, en algunas ocasiones, en lugar de hacer de parapeto antitodo los personajes se comportan como osados aventureros, convirtiendo las vacilaciones en un rosario de situaciones descabelladas a cual más estúpida y tonta que vienen a enredarlo todo en una suerte de equívocos hilarantes y medianamente complejos.

La complejidad y el amor siempre van de la mano, no pueden separarse, y quien diga lo contrario miente como un bellaco o jamás ha amado, que es la otra posibilidad.

En el amor no hay nada sencillo, sobre todo cuando se mezclan y entrecruzan pasiones, celos, mentiras, desencantos y alguna que otra oportunidad desaprovechada.

A los escritores nos cuesta mucho inventar una trama con idas y venidas porque eso es en lo que se basa el amor. No es nada fácil mantener la tensión del argumento cuando sabes de antemano que el final consiste en lograr que de una vez nadie gane porque todos resultan perdedores aunque parezca todo lo contrario.

Tanto galimatías para que al final el escritor tenga que hacer un ejercicio de valentía y se arranque a añadir una “h” a un final que para nada es tan happy como el lector hubiera deseado.

Galiana

 

 

25 comentarios en “Historias de amor

  1. ¿Se nos exigen historias de amor y finales felices? ¡Pues voy «dao»!
    Yo, personaje que creo, personaje que maltrato hasta el final.
    En fin, volviendo al asunto del amor —que realmente no he comenzado—, es de esas cosas que aparecen con la razón aunque no tienen razón de aparecer. Antes se tenía lo visceral: ¿has visto esa oveja que está ramoneando tranquilamente, llega el carnero, se sube encima y a los veinte segundos siguen ambos ramoneando? Pues eso. Y no creo que se pueda negar que es una historia de amor con final feliz, salvo que lo haya escrito yo, porque entonces en plena faena aparecerá un lobo, o una docena.

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  2. Me intrigan dos cosas de esta entrada:
    1. ¿Quién es esa voz que te pide que hagas eso o aquello?
    2. ¿Por qué estás tan segura de cómo debe acabar una historia de amor? Debo de ser un ingenuo al creer que “todo puede pasar”.
    Felicidades por la entrada. Da gusto leerte.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

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  3. No sé si las historias de amor sencillas venden. Galiana, en cualquier caso, creo que tu punto de vista es muy real. La complejidad de las relaciones amorosas está ahí. Feliz finde!

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  4. Entiendo que te resulten tediosas porque hay tantos tópicos que todos tenemos tan interiorizados sobre cómo deben ser las historias de amor romántico que, en muchas ocasiones, resultan cansantes. De todos modos, de vez en cuando, a mí también me gusta dejarme llevar por esos tópicos e imaginar que mis historias de amor son fascinantes, porque cumplen todos esos requisitos establecidos para que lo sean, que tú has mencionado. Que si aventuras, que si sacrificios…. En fin, qué va: yo me quedo con las historias de amor claras, sencillas y alegres, aunque no tengan mucho romanticismo.

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  5. Me gustan las historias de amor, pero las que se salen del pastiche habitual. Hay verdadera épica en algunas, historias de lealtad, sacrificio y superación. Es posible que esté chapado a la antigua pero, en muchas ocasiones, detrás de argumentos de lo más diverso, subyace en el fondo alguna historia de amor.

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